La psicología explica por qué las personas nacidas entre 1950 y 1960 comenzaron a trabajar tan pronto: no siempre podían elegir

Las dificultades económicas y las limitaciones educativas condicionaron la infancia de muchos jóvenes, mientras que una mayor autonomía pudo influir en su capacidad para afrontar situaciones difíciles

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Redacción Vitónica

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Comenzar a trabajar durante la adolescencia fue una necesidad familiar para muchas personas nacidas entre 1950 y 1960. Hace varias décadas, las dificultades económicas y las pocas oportunidades educativas condicionaban su futuro, sobre todo en entornos rurales en los que colaborar en el campo, la ganadería o negocios familiares formaba parte de la vida cotidiana.

Por desgracia, la posibilidad de prolongar los estudios tampoco estaba al alcance de todos. Una investigación sobre la evolución de la enseñanza secundaria en España, publicada en la revista Bordón, documenta y enseña cómo el acceso a esta etapa educativa fue ampliándose de forma progresiva durante la segunda mitad del siglo XX.

La autonomía durante la infancia y su relación con la resiliencia

Todas aquellas circunstancias obligaron a numerosos jóvenes a asumir responsabilidades desde edades tempranas, pero sería incorrecto considerar que estas experiencias garantizaban una mayor fortaleza emocional. Así, la resiliencia depende de diferentes factores y hay que decir que las dificultades económicas por sí solas tampoco aseguran el desarrollo de habilidades para afrontar la adversidad.

Otra investigación con un enfoque más actual, publicada en The Journal of Pediatrics y firmada por los psicólogos Peter Gray y David Bjorklund y el antropólogo David Lancy, plantea que la reducción de las actividades independientes durante la infancia podría estar relacionada con el deterioro del bienestar psicológico de las nuevas generaciones.

Los investigadores destacan la importancia de experiencias como jugar libremente, tomar decisiones y resolver pequeños problemas sin una intervención adulta constante. Además, estas actividades pueden favorecer la confianza en las capacidades propias y aumentar la percepción de control sobre lo que sucede, dos aspectos relacionados con la capacidad para afrontar situaciones difíciles.

Sin embargo, disponer de una autonomía mayor durante la infancia tampoco significa haber recibido una educación mejor. Muchas personas de aquellas generaciones crecieron condicionadas por la precariedad y las desigualdades sociales, especialmente las mujeres y sus escasas posibilidades profesionales limitadas por las normas de la época. Así, aprender a desenvolverse con independencia puede resultar beneficioso sin olvidar que la resiliencia no exige crecer entre privaciones.

Foto | Canva

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