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Siete errores frecuentes (y cómo evitarlos) al hacer ayuno intermitente

Siete errores frecuentes (y cómo evitarlos) al hacer ayuno intermitente
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Ayunar bajo cierto patrón puede ayudarnos a la hora de perder peso. Es algo de lo que existe evidencia. Para aprovechar sus beneficios podemos usar varias estrategias nutricionales. Una de las más eficientes es el ayuno intermitente, un patrón relativamente sencillo de implementar en nuestro día a día.

Pero no es oro todo lo que reluce. No podemos lanzarnos a practicarlo sin tener en cuenta algunas cosas. Comenzar el ayuno intermitente sin un poco de preparación, planificación es una apuesta segura para cometer un error. Un error que podría costarnos toda nuestra estrategia. Hoy hablamos de algunos de estos, para poder sortearlos eficazmente.

Ayuno intermitente, ¿qué puede salir mal?

Llega el momento de la verdad, es hora de pasarte al ayuno intermitente. Eres consciente de que no es una medida mágica, que no resolverá todos tus problemas y que tampoco tendrá efectos si no te esfuerzas. Con todo eso en mente, ¿qué puede salir mal? Muchas cosas:

Empezar el ayuno intermitente sin preparación

Ayunar no es fácil, por mucho que pienses que sí. Podrás conseguirlo durante un tiempo. Pero si no llevas cierta preparación lo más seguro es que no pases de las primeras semanas. La culpa no es solo de tu mente, sino también de tu cuerpo. Es necesario adaptar nuestro metabolismo a los periodos de ayuno. De hecho, esto justifica, en parte, algunos de sus beneficios.

ayuno

Adaptarse al ayuno es algo progresivo, que se puede hacer espaciando las comidas y los tiempos entre ellas, reduciendo las cantidades de ingesta, etc. Podemos comenzar a adoptar el ayuno de forma progresiva, hasta que lo hagamos de manera regular. Si nos tiramos de cabeza, existen muchas posibilidades de que perdamos la batalla. Pero todavía queda más en esta guerra.

Hacer ayunos demasiado prolongados

Al igual que el anterior error, y por las mismas razones, cuanto más prolongado sea el ayuno, más difícil será mantenerlo. "Si empiezo a hacer algo, lo empiezo bien". Esto es un error. No por hacer el ayuno más largo es más positivo ni obtendremos más beneficios. Los beneficios del ayuno se notan a partir de dejar unas 12 horas entre ingestas, y dependen más del resto de la dieta que de las horas en sí. Es mejor hacer ayunos más asequibles pero llevaderos, que hacerlos más largos y romperlos al poco tiempo.

Pensar demasiado en el ayuno

El factor mental es importante. Además de nuestro metabolismo, nuestra cabeza debe estar en sintonía para ser capaz de afrontarlo adecuadamente. Por tanto, no es suficiente solo con prepararnos físicamente, sino también mentalmente. ¿Y de qué manera? Dejando de pensar en el ayuno. Más vale cometer un error que mantener una actitud obsesiva con el ayuno. Pensar demasiado en él (cuando vamos a comer, que si tenemos que empezar a tal hora, que si cuanto tiempo falta...) es una vía segura para no poder sobrellevarlo. ¿Hay una mejor estrategia? Sí, por supuesto: entretenernos. Seguir con nuestra vida normal y aprovechar los momentos más delicados para entretenernos con algo particular (un libro, un juego, un hobby) es un método bastante inteligente para enrocarnos en el ayuno.

No planificar tu ayuno

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Planificar es el mejor de tus aliados en cuestiones nutricionales. Puede resultar un tanto molesto en primera instancia, pero todo es cuestión de costumbres. ¿Qué tipo de ayuno vas a realizar, el de 16/8, el de 24 o el de 48? ¿Qué vas a comer cuando no estés ayunando? ¿Lo vas a hacer en soledad? ¿Habías contado con esa cena de mañana por la noche? ¿Puedes ayunar en el trabajo? Si no planeas adecuadamente tu estrategia, es muy posible que des un paso en falso y te cueste mantenerte.

Tener grandes expectativas en tu plan de ayuno

El ayuno puede suponer un esfuerzo considerable y, por tanto, puede que esperes una recompensa acorde. No pongas toda la carne en el asador. El ayuno no es una panacea. Tampoco es en sí mismo una solución. En realidad, sirve como un booster, un potenciador, de una dieta saludable ya que ayuda a ajustar a nuestro metabolismo a los ritmos circadianos. Esto puede mejorar el gasto calórico y el metabolismo de grasas, potenciando la pérdida de peso. Pero no podemos pensar que es un efecto mágico, ni que tiene un efecto sensible. Es un fenómeno que ayudará a largo plazo, como parte de un conjunto metabólico mayor.

No aguantar suficiente tiempo

Al igual que esperar demasiado, también es fácil esperarlo demasiado pronto. Como ya hemos dicho, el ayuno ayuda a potenciar un conjunto metabólico mucho más amplio. Es imposible que notemos los efectos rápidamente. Eso, a veces, se confunde y nos hace desistir en nuestro empeño. Para no caer en el error lo mejor es no esperar demasiado, no obsesionarnos con los resultados y seguir hacia adelante, planificando, durante un tiempo elongado. ¿De cuánto tiempo estamos hablando? Según los estudios, los resultados los notaremos con al menos un mes de ayuno intermitente, aunque probablemente necesitemos al menos tres.

Pensar que se puede comer lo que quieras

Uno de los errores más extendidos es creer que no importa lo que se puede comer durante las horas que no hay que ayunar. Esto es un craso error. El ayuno intermitente es completamente inútil si no lo planteamos con madurez, buscando el necesario déficit calórico. De nada sirve ayunar 12 o 20 horas si en las otras 12 o cuatro nos metemos entre pecho y espalda kilos de azúcar y grasas.

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El ayuno intermitente es una medida, como explicábamos, para potenciar los efectos de una dieta saludable, no para sustituirlos (cosa que no tiene sentido). Si además añadimos un poco de ejercicio, o un aumento de actividad física, veremos que los beneficios del ayuno intermitente son aún mayores.

Imágenes |Unsplash

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